Entrada #8: Darian

    Fue gracias a mi hermano que la familia logró tener un mejor nivel de vida. Padre y Madre pudieron darse un merecido descanso. Yo no, después de trabajar tan duro cada día de mi vida, detenerme a descansar me parecía absurdo. Madre trataba de hacerme desistir, decía que con lo que Lennard enviaba podíamos permitirnos vivir modestamente; estaba preocupada.

– Ese trabajo va a matarte querido Darian, por favor hijo, solo mira tu reflejo-

– Madre, estoy acostumbrado a esta vida, si dejo el trabajo siento que moriré de aburrimiento. Pero te prometo algo, cuando la vida me muestre un camino diferente que me satisfaga, haré lo imposible por seguirlo. ¿Más tranquila?-

– Estas ciego Darian, solo abre un poco los ojos hijo, veras que hay tantos caminos que te traerían mayor alegría que la fábrica.-

Si, me mire al espejo, Madre no estaba tan alejada de la verdad. Estaba más pálido que la última vez que recuerdo haber puesto atención en mi imagen, los huesos se me marcaban y las ojeras seguían expandiéndose bajo mis ojos. Bueno, en general lucía como todo un obrero, y que otro aspecto podíamos tener si trabajábamos de seis de la mañana a siete de tarde en días bajos  y de cinco de la mañana a nueve de la noche los seis meses más productivos de la fábrica.

El trabajo era pesado, no voy a negar que el patrón nos explotaba, en realidad nos exprimía el bastardo. Eso despierta odio compartido entre todos los obreros, lo cual produce un ambiente de compañerismo y complicidad, nos unificaba e integraba como grupo. Sinceramente disfrutaba sentirme parte de, aun cuando, fuera de los problemas que surgen en el trabajo no compartía gran cosa con ninguno de ellos con excepción del señor Gast a quien le tenía especial cariño, él era un hombre bonachón, tan alegre, su paciencia era infinita y sus palabras solo brindaban consuelo y aliento.

El señor Gast era el pilar del grupo de obreros que nos reuníamos, le gustaba mantenernos unidos y distraernos de los conflictos contándonos aventuras de su juventud. Decía que éramos su segunda familia, lo cual le traía nostalgia, pues debido a las dificultades económicas tuvo que dejar a su esposa y sus hijos en casa de su suegro donde no les faltaría nada, a cambio de trabajar en una de las fábricas de la familia de su amada sin privilegio alguno.

Una noche, como era costumbre esperábamos fuera de la fábrica a que se reuniera todo el grupo para ir a nuestro “santuario”, el único lugar de libertad para los trabajadores de la época: la taberna de los Weiss.
Usualmente el señor Gast era el último en salir, pero esa noche ya había tardado demasiado. Así que Neal y yo fuimos a ver que era lo que entretenía tanto.
Llegamos a su área de trabajo pero parecía que ahí no había nadie. Buscamos de un lado a otro. Sentí un dolor en el pecho cuando escuche gritar a Neal, corrí hacia donde estaba. El señor Gast estaba en el suelo, como dormido, solo que no logramos despertarlo. Aún tengo grabada la sonrisa que mantenía su rostro, la paz que transmitía.

Fue muy duro para todos esa gran pérdida, en especial para mí. Envié una carta a la familia Gast, tal como había prometido, aunque no supe con certeza si había llegado a su destino a tiempo hasta meses más tarde. Se arregló todo para dar santa sepultura al cuerpo. Hice lo posible por cumplir cada detalle que él me había pedido en alguna ocasión que hablamos al respecto.

No lograba concentrarme en el trabajo, estuve a punto de perder los dedos en varias ocasiones trabajando con las máquinas.
Cada rincón de la fábrica me traía recuerdos. Me hacían falta sus bromas, sus historias, sus consejos. El lugar se sentía vacío.

Madre estaba más intranquila que nunca y presionaba más su discurso de renunciar al trabajo y vivir modestamente con la pensión que enviaba Lennard.

Extrañaba tanto a Lennard. Extrañaba tanto al Señor Gast. Sentía que la soledad me asfixiaba, es como  si la vida se empeñara en alejarme las personas significaban tanto para mí. Cuando mi hermano partió quede devastado, fue como si una parte de mí se fuera con él y muy dentro sentía la necesidad de reunirme con ella, aunque no hice mucho por lograrlo. Madre y Padre no entendían mi vacío, ellos veían su partida desde otro punto de vista, estaban orgullosos y agradecidos.
El señor Gast fue quién me dio ánimo y aminoró ese sentimiento, me acogió como otro de sus hijos.

Tras su muerte, la necesidad de reunirme con esa parte de mí que se había ido volvió a incrementarse. Estaba asustado, tenía la sensación de que algo estaba por venir y que no estaba preparado para enfrentarlo; mucho menos solo.

Un mes después del funeral del señor Gast, su hijo entró a trabajar en la fábrica, al parecer llegó a un nuevo acuerdo con su abuelo para que siguiera cuidando de su madre y sus hermanos.

En cuanto me enteré fui a conocerlo.

Gustav era diferente, reservado, era un poco mayor que yo sin embargo tenía una mirada ancestral, misteriosa y extraña que le hacían parecer más viejo, contrastaba con los ojos llenos de bondad de su padre.
No entendí por qué de alguna manera me recordó a Siren, aquél músico que partió con mi hermano hacía ya seis años.
A pesar de todo, no tardamos en hacernos buenos amigos, es como si fuera el destino que aun siendo tan diferentes no sintiéramos tan cercanos. Al igual que su padre Gustav tenía un repertorio increíble de historias por contar, cada día aprendía nuevas cosas charlando con él. Habla de temas que hacían replantearme la existencia de todo rompiendo mi mente un tanto conservadora e ignorante. Leíamos juntos todos los libros mas antiguos que íbamos consiguiendo y los que logro sacar de la biblioteca de su abuelo. Filosofía, ocultismo, magia, religión, posesiones, alquimia, etc.

Una de las ocasiones que paseábamos por el mercado clandestino donde nos surtíamos de literatura “poco común”, encontramos un libro que parecía muy antiguo, de inmediato supe que debía obtenerlo, es como si el libro mismo deseara ir conmigo. Tenía un símbolo extraño en la portada que tanto a Gustav como a mi nos resultaba familiar. Comenzamos a hojearlo, intentamos leerlo, aunque estaba escrito en una lengua que ninguno de los dos conocíamos, parecía tener sentido, es como si ya lo hubiera leído con anterioridad. Gustav siguió leyéndolo en voz alta. No recuerdo en que punto me quede dormido. Tuve pesadillas, había seis personas conmigo, estábamos cazando a un séptimo, lo perseguíamos por un pequeño pueblo, me estaba acercando a él, pero estaba malherido, veía como se alejaba, cuando ese mal nacido volteó la cabeza para ver como yo me rendía pude verlo….¡era Siren!, bueno no era él en sí, pero si lo era a la vez. Desperté agitado, lo primero que vi fueron los ojos de G, habíamos recordado. Debíamos reagruparnos lo más pronto posible, Siren estaba con Lennard.

- ¡Maldita sea! S nunca olvida….

Comments (3)

  1. Tonchi wrote::

    Considerando que otros dos ya recordaron a Siren y que pues… vaya, no lo quieren mucho, el pobrecito va a sufrir :(

    Monday, June 14, 2010 at 11:12 am #
  2. Sybelle wrote::

    Oh por un momento dije, demonios G es el señor Gast y ya lo mataron!!, me gusto me gusto pero dejen al pobre Siren (Miles) en paz! el es incomprendido!

    Monday, June 14, 2010 at 10:59 pm #
  3. Alfo wrote::

    huuuu siren va a moriiiiir

    Wednesday, June 30, 2010 at 10:38 pm #