Entrada #11: La Carroza

Lo que había empezado como una constante pero ligera lluvia de un momento a otro se convirtió en un fuerte chubasco que azotó toda la ciudad, las calles poco a poco se fueron despejando hasta dejar solamente a algunos niños jugueteando que muy posiblemente se habían escabullido a las calles sin los permisos de sus madres y padre, algunos cuantos adultos más se encontraban aun afuera, muy posiblemente contaban con diligencias importantes que realizar las cuales no podían ser pospuestas.

Ante la fuerte lluvia que caía una gran carroza avanzaba lentamente por entre las calles empedradas que entre el tintinar de la lluvia cayendo y los cascos de los cinco caballos que la jalaban creaban una caótica música.

De entre las casas algunas personas se asomaban por las ventanas al escuchar dicho ruido para ver quién era aquel que aun con esta lluvia había decidido continuar su andanza, los ojos de aquellos chismosos sin lugar a dudas se plasmaban de inicio sobre el pobre chofer de la misma, quien no contaba con mas que con su chistera para protegerse de la lluvia, posteriormente lo más probable es que se quedaran sorprendidos antes los grandes detalles con los cuales la carroza se encontraba decorada principalmente enmarcando las amplias pero oscuras ventanas de dicho vehículo.

En alguna de las explanadas de la ciudad la pequeña campana que se encontraba a una escasa distancia del chofer de la carreta empezó a repicar indicándole que debía detenerse, de inicio se le hizo extraño puesto que aun no habían llegado a su destino pero sin embargo sabía que no podía darse el lujo de desobedecer dicho sonido y que al final de cuentas, él no era más que un sirviente más por lo cual alejando esa ligera duda de su mente jaló las riendas de los caballos haciendo que estos bajaran el ritmo hasta llegar a un alto total, habiendo hecho eso amarró las riendas y se dispuso a bajar de la carreta para dirigirse a alguna de las puertas de la misma.

Apenas se encontraba bajando por el par de escalones que lo ayudaban a posicionarse en su lugar cuando una de las puertas se abrió, su pulso se aceleró pensando en que en realidad había estado cumpliendo con su trabajo y que no había perdido el tiempo en nada, a sus oídos llegaron algunos gritos que hicieron que actuara más rápidamente para llegar a dicha puerta, intentó entender de qué se trataba pero un miedo lo atacó, sabía perfectamente el temperamento con el cual contaba su alteza y como es que algunos otros sirvientes habían terminado en profundas mazmorras durante semanas o meses por cosas que sin lugar a dudas podían ser calificadas como “sin importancia”.

Un par de segundos después el conductor se encontraba justamente frente a la puerta haciendo el movimiento inicial de una reverencia para con ello ponerse al servicio de cualquier necesidad que su alteza requiriese.

- A sus órd… – Aun no había terminado de decir dicha frase cuando, debido a que su mirada se encontraba enfocada en el suelo cuando un impacto lo sorprendió, abrió de golpe los ojos intentando ver que es lo que sucedía cuando se dio cuenta que otro de los sirvientes de su majestad era lo que lo había golpeado, enfocó la vista hacia el interior de la carroza mientras su cuerpo se disponía a golpear el suelo y vio a su alteza de pié en el borde de la misma, sus brazos levantados agarrándose del marco de la puerta y una de sus piernas saliendo a la lluvia, claramente en una pose que podía declarar otra cosa que no fuera que su alteza había, sin lugar a dudas, pateado a dicho sirviente.

Su alteza bajó la pierna y salió del vehículo, la lluvia mojó sus cabellos castaños y mojó el fino traje que traía puesto, sus mejillas estaban rojas y aun pese a lo frio de la lluvia el notable aumento de temperatura en sus mejillas, visible puesto que se encontraban totalmente rojas y causado sin lugar a dudas por algo que no le hubiera agradado, no se reducía.

- Maldición – habló el aristócrata – ¿qué no ves que aquí el itinerario lo hago yo como me plazca? – gritó con una voz ligeramente rasposa mientras levantaba su mano dibujando perfectamente sus intenciones de dar una fuerte cachetada a aquel sirviente que había salido despedido desde la carroza.

La tención que sin lugar a dudas se encontraba en aumento no pudo sino ser rota de un modo en el cual ninguno de los presentes pudo siquiera imaginarse, justo cuando el aristócrata acababa de terminar de decir su frase una sonora carcajada se escuchó a escasos metros de distancia

- Jajajajaja, nunca creí ver que patearan a alguien desde un vehículo – continuó riéndose Yan mientras se doblaba por la risa.

El rostro de su alteza se giró para ver quién era el que se estaba riendo hasta que su cuello se frenó en seco dando pié a otra reacción diferente, en ese momento la sangre de su cuerpo se había desviado hacia el rostro de su alteza pintándolo de un rojo absoluto.

- Por el amor de dios – habló el chofer de la carroza – usted no debe ver algo tan vulgar como eso Lady Harper.

Tal parecía que Yan aun no había encontrado algo de ropa aún.

Comments (4)

  1. Sybelle wrote::

    ok, eso si fue sorpresivo, que se encontrará a Yan desnudo y riéndose, fue un recuerdo a otro Jan que existió en otros mundos. Y la cuestión es… ¿Quién es Lady Harper?

    Tuesday, June 22, 2010 at 1:07 pm #
  2. Ian wrote::

    Eso lo sabremos en la próxima entrada :D

    Pobre S, le va a caer toda la marabunta XD

    Tuesday, June 22, 2010 at 3:54 pm #
  3. Marco wrote::

    \o/ La historia va muy bien! Me encantó ésta entrada, y me encantaron prácticamente todas las anteriores. Se pone bien. ¿Cuantas rondas se acordaron?

    Wednesday, June 23, 2010 at 11:04 am #
  4. D.Schneider wrote::

    Yo declaro que Yan es mi nuevo personaje favorito he dicho. Y el espíritu de la gran M vive en el también he dicho.

    Friday, June 25, 2010 at 1:00 pm #