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Entrada #23: Razones

– ¡¿Qué?¡ – Grité en cuanto escuché eso.

– Oh por el que sea que te creó, yo sabía que no sería bueno decirte eso, esa cabecita tuya que tienes tú no iba a tomarlo del modo correcto.

– ¡¿Es qué cual es el modo correcto de tomar algo así?! – Voltee a ver a Orb que se encontraba a unos cuantos metros hacia un lado – ¿Tú sabías eso?

– Espera, espera, no me veas así.

– Si llavecita… Ro… Ra… Rochelle, no lo veas así.

– ¡Mi nombre es Rachel! – le grité bastante enojada.

– Está bien Rachel, y antes de que te de un ataque de nervios permíteme explicarte alguna cosita de manera gratuita que de seguro tu menté ya está trabajando tan rápido como un leopardo en una persecución por su presa.

– Habla.

– No soy ese James que estás pensando.

– ¿Entonces?

– Pero si tengo que ver con él.

– Explícate.

– Es su abuelo Rachel – Interrumpió Orb – es su abuelo, o más bien, es una de las tantas versiones diferentes que pudieron existir de su abuelo.

– No cualquiera, soy la más divertida muchachita – dijo guiñándome el ojo, tuve que resistirme para no hacerle una seña obscena en respuesta.

– ¿Ah sí?, en los últimos minutos créeme que no me he reído mucho.

– Bueno ya, ahora, habiendo explicado eso, dime llavecita, perdón, Rachel, ¿estás dispuesta a ayudarme?, o mejor aún, ¿a ayudar al otro James?

– Si no hay más remedio.

– No es una buena afirmación… pero con eso me basta.

– Pero antes necesito más respuestas.

– Volvemos al juego de antes – dijo de mala gana – ¿qué más necesitas saber que sea tan complicado para ti?

– ¿Por qué es que utilizaste una llave?

– Vaya, pensé que nunca te dignarías a hacer es pregunta.

– Créeme que no me da gusto preguntarle a alguien por qué es que mató a una persona.

– La utilicé para seguir viviendo.

– ¿Cómo que seguir viviendo?, ¿morirías de otro modo?

– Así es pequeña llavecita, ¿ya te lo había dicho antes no?, el Hubiera y todas las sombras que existen en ese lugar existen porque son una decisión diferente y existen por el recuerdo de esa decisión que fue tomada.

– No te entiendo bien.

– Creo que yo si entendí – dijo Orb.

– Me sorprenderías muchachito, ¿qué entendiste?

– Mas bien tengo una duda, si existen por el recuerdo de una decisión, que pasa si la olvidan.

– ¡Huy pueden pasar miles de cosas!, no, en realidad no, solo pasa una.

– ¿Qué? – dijeron Rachel y Orb al unísono.

– ¿Es qué no es obvio?, una sombra olvidada es una sombra que no existe, si alguien la olvida ¡Puff! – hizo una seña con sus manos como si fuera una explosión – deja de existir.

– ¿Entonces usaste una llave porqué no querías morir?

– Elemental mi querida Rachel, en algún momento el yo que existió iba a olvidar que antes de querer poner un pequeño restaurant junto con su esposa quería viajar por él mundo y que incluso había comprado unos boletos de avión para ir a… como se llama… ah si, Brasil, y que esa decisión lo hubiera hecho un hombre menos estresado tal y como lo soy yo.

– Entonces si fue así.

– Ciertamente muchachita, yo no quería morir, nadie quiere hacerlo, y tampoco quiere morir Emily.

– Pero es su posible hermana, no creo que la olviden – agregó Orb.

– Oh todo lo contrario, ¿quién la va a recordar?, estás olvidando que la madre de James ya no vive, y su padre, ¡Ja!, tiene otras en que pensar, no creo que piense mucho en ella, es poco posible que piense que si no se hubiera ido hubieran tenido otro hijo, yo creo que ya ni ha de recordar el nombre Emily.

– Pero entonces, ¿Emily morirá?

– En un futuro que posiblemente sea muy lejano o tal vez no tanto ni tan cerca como mañana, si, morirá, y por eso es que te necesita a ti.